Los miedos que giran en torno al consumo de ciertas drogas medicinales tienen una base psicológica, en algunos casos, pero también otras de origen orgánico, sustentadas en la experiencia práctica, real, concreta, como resultado de una reacción química. La mayoría de los productos vinculados al sistema nervioso central (usualmente las recetadas por psiquiatras), en general, provocan algún tipo de dependencia. Es por ello que, los profesionales, suelen recomendar el abandono de su consumo de modo progresivo.
Es interesante, además, los datos arrojados por el Instituto Nacional de Psiquiatría mexicano. La entidad sostiene que las mujeres mayores de 26 años ingieren dos veces más medicamentos adictivos que los hombres. El motivo, según el instituto, es que el considerar culturalmente a la mujer más frágil, ansiosa y deprimible, facilita su conversión en fármaco dependiente.
El desarrollo de drogas que combaten la alta presión sin generar adicción o dependencia implica un verdadero gran paso en el camino de la ciencia. Esta enfermedad mata, en la Argentina, a alrededor de 300 mil personas al año, cuyo 50% desconoce previamente su padecimiento. Hablamos de un mal que sufren gran cantidad de personas en el todo el mundo. Si esta característica no fuera parte de los productos, se estaría generando un ejército de adictos y dependientes.
Entre esta serie de medicamentos, se encuentra el Plavix. Que, así como otros fármacos, cuenta con la ventaja de un ser un genérico, por ende más económico que los fabricados por los laboratorios encargados de su producción, y con las mismas características que el de marca. Viene en comprimidos de 75 gramos cada uno, que se toman de forma oral, recomendablemente una vez por día, antes o después de las comidas.
Además, su acción previene no sólo el control de la alta presión, sino también el tratamiento de sus enfermedades colaterales. Su función radica en evitar los coágulos de sangre. Éstos, en venas y arterias, obstaculizan el libre fluir de la sangre, generando tensión alta contra las paredes de los vasos sanguíneos.
De este modo, el Plavix garantiza que el oxígeno y los nutrientes que la sangre transporta lleguen normalmente a todas las células del organismo, evitando la afectación de órganos sensibles como el cerebro y el corazón. En aquel, la falta de oxígeno provoca accidentes cerebro vasculares, que en definitiva son la muerte o daño permanente de ciertos tejidos que afectan el normal funcionamiento del sistema nervioso. En el otro, se previene de infartos, ataques cardíacos, arritmias y dolores de angina, entre otras graves consecuencias.
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