Todos los estudios realizados al respecto del sueño y el descanso, concluyen en que la medida saludable de sueño para personas adultas se sitúa entre las siete y ocho horas corridas. Cabe destacar que cuando nos referimos a “horas de sueño”, no solo nos referimos a la cantidad sino también a la calidad. Es decir, que debemos asegurar siete u ocho horas continuas e ininterrumpidas de sueño en un ambiente propicio para el descanso.
Existen dos factores fundamentales en la imposibilidad de cumplir esta meta. Por un lado, la falta física de tiempo, la imposibilidad de dormir ocho horas por no contar con el tiempo para hacerlo (principalmente debido a cuestiones laborales). Y por el otro lado, los trastornos del sueño, que si bien no pueden explicarse fehacientemente sus causas, generalmente aparecen asociados a trastornos emocionales, psicológicos o psiquiátricos.
La imposibilidad de cubrir esta cuota saludable de descanso siempre redunda en problemas físicos, sociales y psicológicos. Está comprobado que el sistema inmunológico se daña profundamente cuando no se duerme lo necesario. Al mismo tiempo, los trastornos que causan en el día a día el cansancio, el sueño y el agotamiento físico y mental, se traducen en problemas sociales de todo tipo, como falta de concentración, irritabilidad, somnolencia, etc.
Antes de la salida al mercado de una nueva generación de medicamentos específicos para los trastornos de sueño, los tratamientos eran muy difíciles y un tanto polémicos, puesto que generalmente se utilizaban benzodiacepinas que muchas veces producían más efectos adversos que beneficios.
En la actualidad, estos nuevos medicamentos (como el Imovane) han demostrado excelentes resultados en el tratamiento de los trastornos de sueño en muy poco tiempo. Usualmente los tratamientos con Imovane duran algunas semanas hasta que el sueño es regularizado naturalmente.
Si bien el Imovane, cuya droga genérica es la Zoplicona, tiene una composición muy similar a las benzodiacepinas y comparte con éstas las cualidades ansiolíticas y anticonvulsivas, sus efectos adversos son notoriamente menores. No obstante, aún siendo el Imovane un medicamento muy seguro; la administración, seguimiento y terminación del tratamiento debe hacerse bajo estricto control médico, pues un corte abrupto del tratamiento o una dosificación errónea puede causar diversos trastornos.
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