La depresión es una psicopatología que generalmente se presenta por una combinación de factores genéticos, biológicos y sociológicos. En muchas ocasiones, el factor desencadenante del cuadro depresivo, es el estrés producido por situaciones traumáticas a nivel físico, social o emocional (pérdida de un ser querido, problemas económicos, estrés post traumático, duelos no elaborados, etc.).
La depresión no puede ser considerada una enfermedad, puesto que no existe ningún marcador biológico definido presente en todos los casos sin excepciones. Es por este motivo, que se la denomina trastorno o psicopatología. Aunque aún no se han determinado fehacientemente las evidentes relaciones entre los desequilibrios de neurotransmisores (como la serotonina) y los estados depresivos o trastornos de ansiedad, está clínicamente comprobada la efectividad de los tratamientos con antidepresivos como el Prozac, Effexor, Paxil, etc. Las drogas de estos medicamentos (Flouxetina, Venlafaxine y Paroxetina respectivamente) son inhibidoras selectivas de ciertos neurotransmisores que serían responsables de estas psicopatologías.
Si bien existen distintos enfoques entre la psicología y la psiquiatría acerca de la depresión, todos coinciden en que el mejor tratamiento es el que combina terapias psicológicas con farmacológicas. En cuanto a la psicología, las terapias más utilizada y de mayores resultados son aquellas conocidas como terapias cognitivas del comportamiento. Y por el lado psiquiátrico, como mencionamos anteriormente, la mayoría de los médicos optan por la administración de antidepresivos, muchas veces combinados con ansiolíticos y con diferentes dosificaciones según requiera cada caso.
En los últimos tiempos se han multiplicado las opiniones de algunos profesionales que dudan en cuanto a la efectividad de los antidepresivos en cuadros de depresión leve a moderada, y solo la aceptan en casos severos. De todas formas, estudios recientes indican que estas “fallas” en la efectividad, solo son debidas a que los tratamientos no son cumplidos estrictamente según las indicaciones del médico. Y que al tratarse muchas veces de casos leves, al percibir el paciente una mejoría, abandona el tratamiento con la consiguiente recaída prácticamente asegurada.
Es por éste último motivo que resulta tan importante el seguimiento del tratamiento por parte de familiares (o del entorno más cercano) del paciente a fin de evitar el abandono y asegurar la correcta posología de la medicación.
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